«Hay tertulianos que ganan más que el director del medio para el que trabajan»

viernes 13 de marzo del 2026

El género de la tertulia sale rentable, tanto financieramente, en la cuenta de resultados de los medios de comunicación que las ofrecen; como políticamente, para las formaciones que buscan influir en las mesas de debate. Esta es una de las conclusiones que arroja Tertulianos: un viaje a la industria de la opinión pública en España, de Antonio Villareal (Córdoba, 1981), periodista que trabajó varios años como jefe de reportajes de El Confidencial, además de pasar por las redacciones de El Español y ABC.

El autor del libro defiende la tesis de que las tertulias «han venido a economizar nuestros propio pensamiento; en lugar de pararnos a reflexionar qué opinamos sobre la actualidad, delegamos ese trabajo en los tertulianos». Pese a las críticas que acarrea este género, y el tono peyorativo de su denominación, Villareal considera que despierta «un interés muy grande», alcanzando elevadas cuotas de audiencia, y un alto efecto en la conversación social.

El componente de entretenimiento —»no periodístico», puntualiza el autor—, el ritmo veloz o el nivel de tensión y de emoción son algunos ingredientes que logran captar la atención de los espectadores. Aunque su desmesurado consumo, advierte el periodista, puede arrastrar efectos nocivos. «El problema es que mucha gente directamente se informa a través de las tertulias y su juicio está sesgado», asegura.

«El problema es que mucha gente directamente se informa a través de las tertulias y su juicio está sesgado».

«Más allá de la ideología, de las luchas políticas o mediáticas, lo único que importa en el mundo de las tertulias es el dinero. Esa es la gasolina que las impulsa y que las hace perseverar año tras año en la parrilla», escribe en el libro. Actualmente, un tertuliano cobra de media entre 150 y 300 euros por intervención, aunque Villareal puntualiza que «el precio por kilo de tertuliano ha bajado«, ya que antes se cobraba mucho más, llegando a triplicar esa cantidad. «La cifra que aún hoy los tertulianos repiten para flagelarse son los 6.000 euros que Pedro J. Ramírez cobraba por sus intervenciones en 59 segundos«. Ahora, pese a que haya caído la remuneración, «hay tertulianos que ganan más que el director del medio para el que trabajan«.

Tertulia
Antonio Villareal. Foto Marta Silvera

Preguntado por los orígenes de la tertulia, Villareal menciona nombres como el del recientemente fallecido Fernando Ónega, «quien propone este formato a Javier García Ferrari en La SER, en los 80 [para Hora 25]»; el de Carlos Herrera, que lo propone desde Radio Miramar; o Luis del Olmo, que lo incorpora a las mañanas radiofónicas, con una extensa duración. «Del Olmo creó un monstruo que está en todos los medios», aseguró.

Villareal responde que en el extranjero «asustaba un poco lo que hacíamos en España con las tertulias, porque consideraban que no podías mantener rigor periodístico con un formato así». «No podías medir opiniones equilibradas, asegurar que los datos fueran reales. Pero en muchos países, a partir de las crisis, se empezó a imponer el formato es más barato que hacer periodismo informativo puro y duro y funciona muy bien en audiencia. Poco a poco ha ido calando en Francia, Polonia, Italia. Se ha ido exportando».

El autor del libro se atreve a asegurar que si algún medio apostara hoy por una tertulia de tono sosegado, de análisis profundo, similar al que TVE emitía con La Clave en los años 70, «tendría audiencias ridículas». «Ahora cada vez funcionan mejor el infoentretenimiento«, confirma.

Injerencia política

Una de las ideas que sostiene el periodista es que los políticos, entre bambalinas, poseen un «mayor peso que el que imaginamos». «Se puede llegar a pensar que pones una tertulia y aparecen tertulianos al azar, pero detrás hay muchas tensiones, gente que quiere colocar a sus caballos de carrera en las tertulias, y los políticos intentan influir en ellas. Hubo un tiempo en el que los políticos intentaron quitar tertulianos, pero poco a poco optaron por ir colocándolos, al ser más hábil y útil».

Villareal analiza fenómenos televisivos y radiofónicos de la tertulia como el de El Gato al Agua, Al Rojo Vivo, Espejo Público o El programa de AR.

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