YouTube es hasta la fecha el líder sólido en facturación publicitaria en televisiones conectadas en EEUU, pero analistas de Morgan Stanley creen que esa condición solo le durará hasta 2027. Sus estimaciones se basan en que en ese año el negocio comercial de la plataforma de Google alcanzará allí 8.180 millones de dólares frente a los 8.420 de Prime Video.
Ese punto de inflexión sería consecuencia de que el servicio de Amazon crecerá más del doble de rápido que YouTube en ingresos publicitarios en ese tipo de dispositivos. Los motivos que explican esa tendencia son variados, pero sobre todo están vinculados a la seguridad de marca y a la capacidad de Prime Video de conectar campañas con ventas.
En el primer caso el contenido generado por usuarios de la plataforma de Google sigue generando suspicacias entre algunos anunciantes por posibles problemas reputacionales. Y ante eso el ecosistema de Prime Video les ofrece más garantías sobre una gama cada vez más amplia que incluye directos deportivos, siempre interesantes para determinados anunciantes.
Y en el segundo la vinculación directa de los anuncios en ese servicio con la tienda de comercio electrónico de Amazon resulta muy atractiva para muchas marcas. Esa capacidad para generar conversiones a través de campañas supera a las prestaciones actuales de YouTube, a pesar de que esta última más que triplique a Prime Video en la cuota de consumo en EEUU.
Análisis previos ya han venido apuntando que ese tipo de anuncios ofrece el mayor margen de mejora a Amazon, que tradicionalmente ha obtenido gran parte de su facturación publicitaria a partir de la promoción de productos en su tienda. Y la escala inmediata conseguida en Prime Video al activar en enero de 2024 los anuncios para todos los usuarios que no pagasen tres dólares al mes por evitarlos ha sido un punto de partida crucial.
Morgan Stanley anticipa que el mercado publicitario estadounidense de televisión conectada crecerá un 13% hasta 2030, hasta los 55.000 millones de dólares. Ese auge coincidirá en el tiempo con una caída anual de en torno a un 2% cada año de las emisiones de pago, arrastradas por la reducción progresiva de clientes de operadoras de cable.













