En cuestión de semanas, dos compañías relevantes del marketing español, Jungle y MIO Group, han decidido abandonar los mercados bursátiles en los que cotizaban, Euronext Growth y BME Growth, respectivamente.
Aunque sus circunstancias no son idénticas, ambas comparten un mismo trasfondo: la tensión entre la visibilidad que otorga la cotización y la flexibilidad que exige el crecimiento en un sector donde la velocidad, la confidencialidad y la integración de talento pesan más que la transparencia regulatoria.
El discurso que acompañó sus debuts bursátiles, acceso a capital, solidez en su posicionamiento, acceso a talento, rigor en su valoración y expansión internacional, ha terminado chocando con una realidad más prosaica: escasa liquidez, free floats reducidos y un aparato regulatorio costoso que, para empresas de tamaño medio, erosiona rentabilidad y, sobre todo, distorsiona la valoración.
«Escasa liquidez, free floats reducidos y un aparato regulatorio costoso que, para empresas de tamaño medio, erosiona rentabilidad y, sobre todo, distorsiona la valoración».
En el caso de MIO Group, la decisión de abandonar el BME Growth responde a un movimiento estratégico que se venía gestando desde hace tiempo. Tras meses de negociación con la entidad regulatoria, iniciadas en torno a agosto de 2025, la compañía formalizó una OPA de exclusión a 1,77 euros por acción, aprobada con el 97,08 por ciento de los votos en la Junta General de Accionistas. El objetivo: recuperar foco y liberar a la compañía del ruido del parqué. Cotizar, al fin y al cabo, no es solo levantar capital, sino aceptar la lógica del trimestre, la auditoría permanente y el relato continuo al mercado. Cuando la acción deja de servir como palanca de financiación, moneda para adquisiciones o herramienta de atracción de talento, la prioridad es volver a construir fuera del foco público.
La clave de fondo está en la transformación silenciosa que la compañía comenzó en 2023. MIO Group ha virado de un modelo basado en compra de medios, que engorda la cifra de negocio pero deja escaso margen, hacia servicios consultivos y de mayor valor añadido. Ese tránsito, invisible a ojos del mercado, explica la divergencia entre cotización y realidad operativa. Los números lo confirman: la cifra de negocio descendió de 73,4 millones en 2022 a 64,6 millones en 2023, pero el margen bruto creció un 10 por ciento hasta 22,3 millones, alcanzando el 34 por ciento sobre ventas. En 2024, con 58,45 millones de ingresos y un resultado neto de –3,62 millones, la compañía consolidó ese giro hacia un modelo más rentable y sostenible.
En paralelo, el grupo ha reordenado su perímetro de negocio e integración. En 2023 completó la absorción de Dendary (marketplaces) y tomó una participación del 35 por ciento en SuperReal, especializada en inteligencia artificial generativa y Web3. En 2025 cerró la adquisición del 100 por ciento de Firma, reforzando su división creativa con financiación parcial bancaria y precio vinculado a resultados. Además, en noviembre de 2024 formalizó un préstamo participativo convertible de dos millones de euros, que fortaleció su liquidez y demostró el compromiso accionarial con el plan de medio plazo.

El caso de Jungle responde a un mismo diagnóstico, aunque con un enfoque distinto. Su fundador y consejero delegado, Agustín Vivancos, lo expresó con claridad: la cotización ha perdido sentido. La agencia, valorada en más de 100 millones de euros y con una estructura accionarial altamente concentrada, apenas tiene flotante. Su presencia en Euronext Growth aportaba notoriedad pero no liquidez, y eso la dejaba atrapada en un punto intermedio: visible, pero sin capacidad real de usar la acción como moneda de adquisición o incentivo de talento. El nuevo plan, dotado con 60 millones de euros para digitalización y M&A, busca devolver a Jungle el control sobre su tiempo y su confidencialidad. No se trata de replegarse, sino de redefinir el tipo de capital con el que crece.
Lo que ocurre en España no es una excepción. Los mercados alternativos europeos, BME Growth, Euronext Growth y AIM en Londres, nacieron con la ambición de facilitar el acceso a financiación para compañías en expansión, pero hoy enfrentan una pérdida de tracción evidente.
En el AIM, según datos del Financial Times, el número de empresas cotizadas ha caído a su nivel más bajo en veintidós años, con más de setenta exclusiones en el último ejercicio y apenas una decena de nuevas admisiones. En Euronext Growth, la liquidez se concentra en un grupo reducido de compañías tecnológicas, mientras que en el BME Growth las operaciones de financiación siguen activas, aunque con rotaciones limitadas.
En ese contexto, compañías como Mission Group o S4 Capital, ambas cotizadas en el AIM, ilustran la tensión del modelo: la primera, con ingresos cercanos a los 150 millones de libras y una capitalización de apenas 21 millones, refleja el castigo que sufren las agencias de servicios; la segunda, tras un ciclo intenso de adquisiciones, ha visto caer sus ingresos un 15 por ciento interanual en 2025, penalizada por la dificultad de convertir crecimiento en rentabilidad. Estos casos no son anomalías, sino síntomas de un marco de cotización que ha perdido profundidad y cobertura.
El resultado es un círculo vicioso en el que el bajo volumen de negociación deriva en alta volatilidad, precios infravalorados y desinterés institucional. Ante esa dinámica, el mercado privado, más paciente y táctico, se convierte en refugio natural para las empresas que buscan reconstruir su escala y su relato antes de regresar al mercado público, ya sea al mismo parqué o a segmentos superiores cuando su madurez lo permita.
«Cuando la acción deja de servir como palanca de financiación, moneda para adquisiciones o herramienta de atracción de talento, la prioridad es volver a construir fuera del foco público».
Esa problemática estructural que afecta a los mercados alternativos europeos no impacta a todas las compañías por igual. Prueba de ello son los casos de LLYC, Making Science o Squirrel Media, que han encontrado en la cotización una vía válida para financiar su crecimiento y reforzar su reputación.
LLYC ha logrado sostener su valoración gracias a una política de dividendos coherente, una expansión internacional mesurada y un relato corporativo sólido que vincula reputación con impacto tangible.
Making Science, por su parte, ha decidido vender su división de cloud y ciberseguridad por 26 millones de euros, lo que le ha permitido reducir deuda, concentrar recursos y reactivar su estrategia de adquisiciones de forma más selectiva. Con un EBITDA que ha crecido un 94 por ciento interanual, demuestra que estar en Bolsa no tiene por qué ser una carga si se sabe utilizar como herramienta de confianza y posicionamiento, no como fin en sí misma.
En el caso de Squirrel Media, la diferencia es relevante: cotiza en el Mercado Continuo, el único mercado regulado español y no en el segmento alternativo donde se encuentran LLYC o Making Science.
La compañía ha convertido la cotización en un motor activo de crecimiento, utilizando su acción como moneda de adquisición y mecanismo de integración. Tras la compra de IKI Group y otras operaciones estratégicas, el grupo ha superado los 200 millones de euros en ingresos proforma y consolidado una estructura diversificada en medios, publicidad y tecnología. Su desafío es ahora financiero y operativo: traducir ese crecimiento en generación de caja y mantener la disciplina en la integración. Si lo consigue, puede demostrar que el mercado público no solo penaliza la volatilidad, sino que también puede premiar la ejecución sostenida.
La trayectoria de T2Ó
En paralelo, la trayectoria de T2Ó ilustra otra forma de entender el capital. La agencia, respaldada primero por Ardian y más tarde por Aurica Capital, ha demostrado que la financiación privada puede impulsar un crecimiento sostenido sin recurrir a los mercados públicos.
Los fondos han acompañado su expansión internacional y, llegado el momento, se han retirado de forma ordenada, permitiendo a los fundadores conservar el control y, al mismo tiempo, dotar a la compañía de músculo financiero y proyección global.
T2Ó cerró 2024 con una facturación cercana a los 180 millones de euros y un EBITDA estimado de unos 15 millones, lo que consolida un modelo que combina inversión profesional, disciplina operativa y autonomía estratégica. En marzo de 2025 incorporó la agencia creativa Fly Me to the Moon, reforzando su oferta integral y su posicionamiento en el ámbito de la comunicación y la innovación. La proyección para el cierre de este ejercicio apunta ya a superar los 200 millones de euros de facturación y a alcanzar los 20 millones de EBITDA, una muestra clara de cómo la colaboración con capital privado puede traducirse en crecimiento industrial sostenido.
En los dos últimos años, además, ha reforzado su perímetro con la integración de Xeerpa y la adquisición de la agencia canadiense Rebel & Thorn, fortaleciendo su presencia tecnológica y su huella internacional. Su evolución demuestra que el capital privado, cuando se articula con visión industrial, puede ofrecer una ecuación de crecimiento tan sólida como la de las empresas cotizadas.
Es, en definitiva, la vía que ahora exploran compañías como MIO Group o Jungle: estructuras de propiedad que preservan el control, aseguran recursos para el desarrollo y permiten crecer sin la presión inmediata del mercado. La lección de fondo es clara: no hay una única forma de financiar el crecimiento, pero sí una constante que separa a las compañías que prosperan de las que no. No es la visibilidad lo que crea valor, sino la coherencia entre modelo, capital y propósito.
«El capital privado, cuando se articula con visión industrial, puede ofrecer una ecuación de crecimiento tan sólida como la de las empresas cotizadas».
Ya no se trata solo de elegir entre cotizar o no cotizar, sino de comprender qué tipo de capital necesita cada modelo para crecer de forma sostenible. Las compañías de servicios y consultoría de marketing operan en un terreno donde la escala, la agilidad y la confidencialidad pesan más que la exposición pública.
Para algunas, como Jungle o MIO Group, el capital privado ofrece el espacio que la Bolsa ya no proporciona: flexibilidad, alineación de intereses y capacidad para ejecutar sin distracciones. Para otras, como LLYC o Making Science, los mercados alternativos siguen siendo una palanca de reputación y crecimiento siempre que se acompañen de relato, liquidez y disciplina financiera. Y Squirrel Media demuestra que, incluso en el mercado regulado, es posible convertir la cotización en motor de expansión si se combina con diversificación, visión industrial y rigor financiero. Casos como el de T2Ó prueban que la inversión profesional, sin presencia pública, puede generar valor industrial de largo plazo si se articula con visión y rigor.
En el fondo, todas comparten un mismo principio: el valor no está en el escaparate, sino en la coherencia entre el modelo de negocio, el tipo de capital y el propósito de crecimiento. En un mercado cada vez más competitivo y fragmentado, esa coherencia es la auténtica ventaja diferencial.
Daniel Casal es el managing director de bud avisors.













