Los servicios de vídeo bajo demanda que operen en Reino Unido para más de 500.000 usuarios de ese país tendrán supervisión suplementaria a cargo del regulador de comunicaciones Ofcom. El Gobierno británico ha presentado un paquete legislativo secundario que se añade a la Media Act de 2024, y que en esencia supone que las plataformas concernidas tendrán que seguir normas de contenido similares a las de emisoras tradicionales.
Esto se sustanciará en la creación de una primera categoría que incluiría a Netflix, Amazon Prime Video, Disney+ o competidores nacionales como ITVX y Channel 4. Todas esas plataformas tendrán que atenerse a estándares similares a los que establece el Broadcasting Code, que rige para las televisiones tradicionales desde su entrada en vigor en julio de 2005.
El objetivo de esta medida es la protección de menores y público vulnerables, así como mejorar la accesibilidad hasta alcanzar subtítulos en al menos el 80% del catálogo, audiodescripción en el 10% y lengua de signos en el 5%. Esas exigencias irán integradas en sendos códigos que Ofcom abrirá próximamente a consulta pública, y lo previsto es que los servicios tengan un año para asumir el de estándares y hasta cuatro para el de accesibilidad.
En el caso de las televisiones convencionales el primero de ellos también implica obligaciones de imparcialidad y exactitud en las noticias, pero en principio las grandes plataformas de EEUU no se verán especialmente afectadas por ellas en la medida en que apenas incluyen contenidos informativos. No así para los servicios nacionales, que en todo caso reflejan señales y contenidos que ya estaban sometidos a ellas.
El Gobierno busca consistencia en las exigencias para unos y otros de cara a cuestiones como la protección de menores o la accesibilidad.
Ofcom podrán imponer sanciones de un máximo de 250.000 libras por infracción o hasta el 5% de los ingresos cualificados en caso de incumplimiento de este marco, que aún queda por concretar. El Gobierno ha justificado este movimiento señalando que dos de cada tres hogares británicos están suscritos a al menos Netflix, Prime Video o Disney, y el 85% utiliza algún servicio de vídeo bajo demanda frente al 67% que ve la televisión en directo.
En esas circunstancias el Ejecutivo considera que era necesario «crear un campo de juego más nivelado en el aspecto regulatorio», ya que muchas de las plataformas más populares en el país no están sometidas a las mismas exigencias y «algunas no están reguladas en absoluto». Y eso supone «un riesgo para la audiencia y una falta de consistencia en televisión y servicios similares», según un comunicado.





